miércoles, 29 de julio de 2009

Dialogando con los Arcanos Mayores. La Estrella. La Viajera del Espacio Ilimitado






“Todo el proceso evolutivo que va desde el Ylem y termina en el hombre cabría en una sonrisa de Buda”(1).

La Estrella es el instrumento a través del cual la Diosa vierte su amor y sus dones al mundo. Debo decir que este arcano no ha aparecido de forma totalmente fortuita, (aunque sí fue el primero en aparecer, de los diez arcanos de una apertura para reconocer los misterios egipcios en las imágenes de los arcanos mayores), yo he invocado su presencia para poder interpretarlo a la luz de la nueva información que ha llegado a mi conocimiento actualmente.

La Estrella es la depositaria del Poder de la Diosa sobre la tierra, es su canal cristalino de manifestación, el templo de su sabiduría y el receptáculo de su elixir divino. Este arcano está representando claramente un ritual de purificación o de ofrenda a la Diosa. Es un ritual nocturno, procedente casi con toda seguridad de las escuelas iniciáticas egipcias o incluso, anterior a estas. Podría tratarse de una invocación a la Diosa en su forma de Isis, pues detrás de la joven encontramos al pájaro, el mensajero que anuncia la presencia de la Diosa.

También puede tratarse de algún oráculo; la comunicación por el lenguaje de las aves era una práctica extendida en la antigüedad, mucho más antigua que Homero, anterior incluso, al arribo de las tribus indoeuropeas al Mediterráneo. Podría aplicarse a su labor la disciplina del Yoga, pues su postura nos sugiere que su labor implica también, la unión de mente y cuerpo.

La Estrella es conocida también como La Esperanza. Siempre me he sentido en cierto, modo identificada con este arcano, por encima de sus beatíficas connotaciones predictivas y simbólicas. Representa la Verdad esencial, esa que “es invisible a los ojos”.

La labor de la Estrella es solitaria y minuciosa, ella requiere encontrar un lugar apartado y vivir en un relativo aislamiento, al menos durante el tiempo que dure su labor. De todas maneras ella no estará sola, siempre la acompaña la Luz divina y la inspiración alada, en la forma de los pájaros, las siete pléyades, las musas, los sueños, las intuiciones.

Ella es una clarividente, puede anticipar los acontecimientos, conoce los presagios del oráculo de la Diosa, pues el espíritu alado los comunica a su alma receptiva. Es una intermediaria entre el cielo y la tierra, entre lo alto y lo bajo, entre las energías densas y las sutiles. Maneja con habilidad los procesos de la Alquimia, tanto a nivel de los instintos como de la conciencia. Ella es versátil como la naturaleza del viento y del agua. Y cíclica como las estrellas y los cielos.

Su pensamiento está en este momento, más allá de las cosas de la Tierra, aunque ella permanece en el presente, a cada instante. Antiguamente, solía percibir una gran corriente protectora y benéfica en este arcano, sin duda, sigue estando allí, pero la protección que representaba la Estrella en sí misma es en realidad, una extensión divina. Ella puede ser tanto el protector como el protegido o protegida. En todo caso, se reconoce en su aparición los cuidados esmerados de alguien que conoce su trabajo, aunque sin apegos. Una vez terminada su labor, se marchará, volverá a su retiro y es probable que pase mucho tiempo antes de que los mortales vuelvan a verla. Es como esos asteroides que viajan por el océano estelar en ciclos de cincuenta, cien, trescientos años o más.

¿De qué naturaleza es su labor?, ya lo hemos dicho, pero siendo más específicos eso dependería concretamente del que pregunta. Si existe una conexión verdadera con la Estrella, el que pregunta lo sabrá tan pronto la vea aparecer. Porque ante su aparición sucede algo así como una revelación, como una estrella fugaz; la ves, o no la ves, pero no puedes dudarlo. En todo caso, ella asegura el cumplimiento de algo, bien sea que estemos preparados para su advenimiento o no. Con la promesa de que las consecuencias siempre serán para beneficio de todos a quienes concierne, pero sin asegurar que se cumplan los deseos tal y como se esperan.

La Estrella huye de las expectativas, ella vive sólo el momento y si no estamos preparados, como ya he dicho, igualmente hará sentir su influencia, pero su rastro puede desvanecerse más rápidamente. Por eso ella labora, es decir, su trabajo consiste en investigarse a sí misma, en conocerse a sí misma y en enfrentarse a sí misma. Aprender la VERDAD. Pero como todo esto ya está hecho cuando ella aparece, lo que la Estrella procura son bendiciones y momento siempre gratos.

Es la nutriente nodriza, pero no la madre. Ella asume la responsabilidad temporal de los compromisos de la mujer más adulta, o de las veteranas cuando estas están ausentes, pero como ya he dicho, una vez terminada su labor, ella no se apega, dejará ir su responsabilidad con el mismo entusiasmo con que la abordó.

Ella tiene el conocimiento absoluto del Tiempo y del Espacio. En tanto que sigue el ritmo del Ciclos, el tiempo de los frutos, no aparecerá nunca antes, jamás después de su tiempo propicio; por eso refleja su sonrisa calmada en los labios. Y en tanto que instrumento de la acción e inteligencia de la Diosa, la Estrella es errante, continuará surcando los espacios, hacia nuevos horizontes, siempre abierta a todas las posibilidades.

Con la Estrella lo que nos sucede es algo totalmente paradójico. Aunque se trata de un evento externo, se produce como un catalizador que propicia un movimiento de nuestra conciencia hacia dentro, hacia nuestro ser interior. Ella nos retrotrae, por decirlo de alguna manera, hasta nuestro más profundo núcleo vital de atestiguamiento. Y ese movimiento puede, no cabe duda, suscitar una suerte de vértigo; por eso decía que es necesario o más bien, conveniente, estar preparados para su arribo.

Sus cualidades florecen con la misma naturalidad con que una flor derrama su fragancia; ella es humilde de corazón, no conoce la ostentación y definitivamente, se aleja del derroche y la expoliación de las energías ajenas o propias. Su vestido es el más brillante y hermoso que alguien pueda llevar: su propia e inmaculada desnudez. Porque ella sabe que la vergüenza no es la verdad. No tiene nada que perder, no tiene nada que lamentar, ella es tal como es.

Es la contemplación serena de la mirada de la Diosa que ve a través de sus ojos, todas las cosas en su verdadera esencia. No hay juicios. No hay futuro que pueda espantarla, porque ella está aquí ahora, el mañana no existe. Y está tan conciente de la eternidad del presente que por eso canta de alegría, o hace cantar a los pájaros; ése es su lenguaje, su oráculo. Y por todo esto ella ha alcanzado la última gracia, la última dádiva de la diosa, la inocencia. El pensamiento suspendido en el gozo ilimitado de la nada.



Notas:
(1)La Sanación con el Tarot, Ahimsa, Lara Rivera. Madrid, 2006.

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