miércoles, 2 de septiembre de 2009

TAROT. El Diablo




Cuando ha aparecido el arcano nº XV, El Diablo, es un momento en el que ciertas fijaciones mentales parecen prevalecer en los rincones entre la conciencia y el subconsciente. Hablo de ciertas imágenes con connotaciones hechas de prejuicios pasados que regresan, personas que aparecen en el campo visual como esclavos de sus vicios. En parte, a esto es a lo que alude en un nivel externo el arcano XV, El Diablo. Pero sólo es una parte. La otra parte, porque se trata de un arquetipo simbólico de la dualidad, tiene que ver con nuestra conexión primordial con el opuesto de esas imágenes de la Sombra, es decir, con la luz y la libertad. Y en general, con la Luz y la Oscuridad. Ambas en un círculo concéntrico, como el Yin y el Yang.

Se trata de imágenes que aunque somos conscientes de ellas, preferimos relegarlas a los rincones de nuestra mente por miedo a encararlas en toda su dimensión. Representan también nuestros temores más antiguos, algunos de los que quizá ya hayamos tenido la oportunidad de enfrentar y otros que no. El hecho de que con el Diablo reaparezcan estos fantasmas es un simple indicio de una visita. La visita es un recordatorio del inconsciente. Un aviso de que quedan rastros pendientes por iluminar en el interior de nuestro inconsciente. Y si a esas imágenes se añaden emociones como el temor, el rechazo, la opresión, la codicia, el vicio o la dependencia enfermiza, quiere decir que necesitamos encarar esas emociones en nosotros mismos. Mirándola fijamente, la carta del Diablo nos puede decir con certeza en qué lugar de nuestra vida reside ese temor y cómo encararlo. Si la observación nos lleva fuera del personaje del Diablo, a alguno de los otros dos personajes de pie, a su lado, quiere decir, que probablemente necesitamos atender nuestras relaciones más próximas.

Si la atención se concentra en el personaje principal de la carta, con toda certeza, el problema está dentro de nosotros mismos. En cualquiera de las parte de sus cuerpo la observación se dirigirá hacia los centros nerviosos asociados con los chackras principales y sus energías, o directamente con energías. La cabeza dorada nos remite a las energías iluminadas más elevadas de nuestra conciencia y nuestra capacidad de trabajarlas en la materia. El color dorado refleja el brillo que adquiere la materia trabajada con la luz de la conciencia superior. Los ojos convergen en el chackra del Tercer ojo, en la glándula pineal y favorece sus funciones de concentración de esa energía para los fines materiales; es el poder del enfoque directo sobre nuestros objetivos. El trabajo conjunto con el arcano num. I, El Mago facilitará la tarea de la concentración y el enfoque para alcanzar resultados sobre la materia.

El chackra de la garganta aparece constreñido por una envoltura triple echa con la misma piel del personaje; como si de esta forma estuviésemos impedidos de manifestar libremente con nuestra propia voz, el pensamiento. Y nos recuerda que las fuerzas que constriñen nuestras palabras proceden de nuestra propia energía. Un tanto de lo mismo sucede con el chacra del corazón, embutido dentro de una coraza echa igualmente por la piel del personaje. Esta coraza impide que se realicen las manifestaciones que proceden del corazón; dado que esta coraza forma parte de la misma energía que sustenta al individuo, sólo es necesario aprender a reconducirla para liberar las manifestaciones internas de los chackras. En el caso del chackra del corazón, podemos empezar por visualizar la apertura del chackra en forma de capullo, en el centro de la imagen y la desaparición de las líneas que forman la coraza. El chackra del plexo solar está relacionado con las emociones que se somatizan en el cuerpo formando enfermedades de mayor o menor intensidad, de acuerdo a las emociones que la dirigen.

Las energías sexuales también se representan en esta carta; no sólo en su aspecto sórdido u oscuro. También resulta a veces, una comprensión más profunda del proceso de crecimiento de nuestra energía primordial, en el avance de la kundalini; desde su base en el chackra raíz y el trabajo de autoliberación que supone este ascenso de la kundalini, de arraigo a la realidad de la materia, de apego a los instintos primarios o de liberación, mediante la comprensión profunda del poder que representa la sexualidad en nuestras vidas.

La sanación que el arcano num. XV nos puede aportar en su meditación, concierne sobretodo, a este aspecto de nuestra energía en el trabajo de autoliberación, comprendiéndolo como la liberación del influjo de los instintos primarios y el completo autocontrol. Es un trabajo de enfrentamiento directo con nuestros temores e instintos más básicos, pero también un trabajo de liberación del influjo que estos ejercen en nuestro inconsciente, mediante la iluminación de estos aspectos, su reconocimiento y aceptación en la conciencia.

El trabajo incluye la observación de los arquetipos presentes en nuestros sueños, si tratamos con situaciones veladas en la realidad de vigilia; o bien aparecen estos en palabras o situaciones aparentemente equívocas, será necesario traerlos a la conciencia y reconocerlos como parte integral de nuestra psique y en la armonización de los opuestos, simbolizados por la espada de doble filo que el personaje de El Diablo sostiene en su mano izquierda.

Curiosamente, esta mano simboliza la destreza creativa, de la que hace gala el lado derecho del cerebro humano, es decir, el lado intuitivo, creativo y frecuentemente, el menos utilizado en nuestra cultura moderna. A través de la expresión creativa existe un potencial abundante de sanación que esta lámina nos ofrece para permitirnos reconocer los temores y apegos que acorralan una porción de nuestra luz interior.El color violeta asociado a este arcano permite realizar la transmutación de estas energías para revelar su verdadera naturaleza iluminada y aprovechar el potencial superior que encierran. Las alas aunque tienen la forma de las alas de un murciélago, son también un recordatorio de la liberación que persigue el alma al enfrentar sus pasiones y sanarlas. Así, estos seres que a primera vista juzgamos como monstruos no son sino una creación propia de nuestra mente, que están allí porque nosotros los hemos creado, en virtud de nuestro poder y les hemos otorgado poder a su vez, a través del juicio.

El arcano del Diablo nos recuerda que el paso preliminar para alcanzar la liberación de los temores e instintos primarios es renunciar al juicio, tanto de los otros como de nosotros mismos; viendo en las cualidades que se presenten lo que son básicamente, parte de nuestra propia energía. Cuanto más insistimos en este método de trabajo personal con nuestro inconsciente más aumentan las probabilidades de liberación de los arquetipos en nuestra psique.

Recordemos que El Diablo es el símbolo fundamental de todos los placeres del cuerpo, el cuerpo es el vaso o recipiente en el cual el individuo experimenta su libertad o su esclavitud. De modo que es recomendable estar concientes de la forma en que se manifiestan los instintos en nuestro cuerpo; las enfermedades, sus síntomas, los apetitos no sólo sexuales, sino también los apegos a la comida, los vicios, todas las manifestaciones en las que las emociones y fijaciones psicológicas pueden llegar a somatizarse. El cuerpo funcionará como el libro a través del cual el individuo puede leer las manifestaciones profundas del inconsciente. Un buen manual de autoayuda en lo relativo a las enfermedades y sus vínculos psicológicos, lo podemos encontrar en el libro La Enfermedad como Camino, de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke.

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